En la intersección entre la memoria territorial, la resistencia epistémica y las prácticas del cuerpo en el arte contemporáneo, la propuesta Gestos para reparar la magnitud de un instante se despliega no como la exhibición de un objeto estático, sino como la manifestación de un acontecimiento sensible. A través de una acción performativa de 24 horas de caminata continua en el observatorio Muisca de Villa de Leyva («El Infiernito»), el proyecto articula una profunda investigación estética y política en torno a la reparación temporal del espacio.
Lejos de ser un mero espectador o un vehículo pasivo, el cuerpo en esta acción performativa opera como un dispositivo de mediación, resonancia y escucha. Sometido al desgaste, al agotamiento físico y a la duración ininterrumpida de 24 horas, la «carne» entra en fricción con la «piedra». La fatiga actitudinal interrumpe las lógicas de productividad contemporáneas para dar paso a una presencia encarnada, capaz de registrar la vibración, la temperatura y la transformación de la luz sobre el territorio.
El escenario de la acción —el antiguo centro astronómico Muisca renombrado despectivamente como «El Infiernito» durante la Colonia— actúa como un palimpsesto donde conviven la sofisticación tecnológica ancestral y el trauma de la imposición colonial. Al reinterpretar los menhires no como ruinas, sino como tecnologías de precisión astronómica y agrícola, la obra resalta la noción de grafía territorial: las sombras proyectadas por las piedras constituyen una escritura solar que conecta la materia orgánica con el movimiento cósmico.
La elección del 21 de septiembre de 2025 no es casual; el equinoccio marca el umbral de la simetría absoluta entre la luz y la sombra. La caminata circular alrededor del monolito del este en el sentido de las manecillas del reloj funciona como un ritual de sincronización cosmogónica. El movimiento repetitivo y helicoidal no busca avanzar linealmente hacia un fin, sino habitar la circularidad del ciclo natural, devolviendo al territorio el ritmo que la colonización intentó subordinar.
En el contexto del arte contemporáneo, Gestos para reparar la magnitud de un instante cuestiona la monumentalidad tradicional basada en la durabilidad del objeto y la imposición de relatos estáticos. La obra traslada el monumento desde la fijeza de la piedra hacia la procesualidad del gesto efímero. Cada paso de la performatividad se convierte en un acto micropolítico de reparación simbólica: una grieta en la narrativa colonial que revive el pensamiento ancestral y sitúa la memoria en la inmersión vivencial del presente.



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